Fomentar una alimentación saludable en casa va mucho más allá de elegir alimentos nutritivos. También implica ofrecer espacios de comidas familiares donde se comparta tiempo, diálogo y contención. Diversos estudios indican que estas instancias funcionan como un factor protector, fortaleciendo los vínculos, promoviendo hábitos alimentarios equilibrados y reduciendo el riesgo de ansiedad, depresión, dificultades con la imagen corporal, conductas alimentarias alteradas y trastornos de la conducta alimentaria (TCA) en niños, niñas y adolescentes.
Las comidas familiares resultan más beneficiosas cuando se realizan en un entorno tranquilo, libre de pantallas y distracciones. Esto además favorece la conexión con las señales del cuerpo, como el hambre y la saciedad, lo que nos permite desarrollar una relación más consciente y amable con los alimentos.
También es recomendable practicar la neutralidad alimentaria, es decir, reconocer que todos los alimentos pueden tener un lugar en nuestra vida, sin etiquetarlos como "buenos" o "malos". La alimentación no solo cumple una función nutricional: puede brindar placer, generar satisfacción, formar parte de momentos sociales, transmitir cultura, despertar emociones y convertirse en una fuente de bienestar.
Un aspecto clave a cuidar durante las comidas en casa y en la vida diaria es evitar comentarios sobre el peso, las dietas, las calorías o la apariencia física, propia o la de otras personas. Este tipo de mensajes puede ser gatillante y afectar negativamente la relación con el cuerpo y la comida.
Cuando el hogar se convierte en un espacio libre de juicios y lleno de escucha, se fortalecen los vínculos y la relación con la alimentación y el cuerpo.
Si para ti o alguien de tu familia el comer se ha vuelto una experiencia difícil o cargada de angustia, buscar acompañamiento profesional puede ser clave para recuperar el equilibrio y bienestar.
Isidora Franco / Nutricionista / Sucursal Providencia
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