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Autismo hoy: comprender el TEA más allá de los estereotipos

Autismo hoy: comprender el TEA más allá de los estereotipos

"“Pensaba en imágenes. Las palabras eran un segundo idioma.” Temple Grandin.  En el último tiempo, el Trastorno del Espectro Autista (TEA) ha ganado visibilidad en el espacio..."

“Pensaba en imágenes. Las palabras eran un segundo idioma.” Temple Grandin.  En el último tiempo, el Trastorno del Espectro Autista (TEA) ha ganado visibilidad en el espacio público. Sin embargo, esa mayor presencia no siempre ha venido acompañada de una mejor comprensión. En mi trabajo clínico, con frecuencia me encuentro con que, pese a que el término es cada vez más conocido, aún persisten mitos, simplificaciones y miradas reduccionistas que terminan dificultando una verdadera inclusión.


Nuestro psicólogo, colaborador de www.terapia.cl , no cuenta que hablar de TEA, ¿qué implica realmente? Una de las primeras cosas que suelo transmitir es que se trata de un espectro. No hay una única forma de ser autista, sino múltiples maneras de experimentar el mundo. Si bien todas las personas percibimos la realidad de forma singular, en el autismo estas diferencias se expresan de manera particularmente significativa en la comunicación, en la forma de procesar la información y en el modo de vincularse con otros. Algunas personas requieren mayores apoyos; otras logran desenvolverse con relativa autonomía. Entender esto no siempre es inmediato, pero suele marcar un antes y un después en la manera de mirar.


Algo que aparece de forma reiterada es que muchas de las características del autismo no son visibles a simple vista. Y es ahí donde surgen los malentendidos: la dificultad en lo social se interpreta como desinterés, la necesidad de rutina como rigidez, o la sobrecarga sensorial como exageración. Más de alguna vez he visto cómo estas interpretaciones, incluso bien intencionadas, terminan generando incomprensión, aislamiento y un dolor que no siempre se logra nombrar, pero que se siente profundamente.


Con el tiempo, he sido convencido de que es necesario movernos desde una mirada centrada exclusivamente en el déficit hacia una comprensión más amplia. Sí, hay desafíos reales, pero también hay recursos que muchas veces pasan desapercibidos: una gran capacidad de concentración, atención al detalle, intereses profundos y formas distintas, y valiosas, de pensar y resolver problemas. Cuando estos aspectos son reconocidos, algo cambia, no solo en el entorno, sino también en la propia persona.


Desde lo clínico, esto implica también revisar nuestras prácticas. Más que intentar “normalizar”, el trabajo, al menos como yo lo entiendo, debiera apuntar a generar puentes: ayudar a que la persona pueda desarrollar herramientas para habitar el mundo, pero también promover entornos que sean capaces de acoger esas diferencias. Porque, en el fondo, no estamos hablando de excepciones, sino de la diversidad propia de lo humano.


La inclusión, entonces, no puede recaer únicamente en el esfuerzo de quien es distinto. Requiere de una sociedad dispuesta a cuestionar sus propias reglas, muchas veces implícitas, sobre cómo se debe interactuar, aprender o trabajar. Esto no es solo una aspiración, es una tarea pendiente.


Comprender el autismo hoy, más que un ejercicio técnico, es una invitación. Una invitación a mirar distinto, a escuchar con más atención y a ampliar nuestras ideas sobre lo que significa ser persona. Tal vez ahí está el desafío más importante.


Desde mi experiencia clínica, iniciar un proceso terapéutico en personas con TEA no responde únicamente a la necesidad de abordar dificultades, sino a la posibilidad de construir un espacio donde la experiencia subjetiva pueda ser comprendida y validada. Muchas veces, quienes consultan han transitado por contextos donde han debido adaptarse sin ser plenamente entendidos, lo que genera desgaste, confusión e incluso una vivencia persistente de inadecuación. El tratamiento ofrece, en este sentido, un lugar para ordenar esa experiencia, desarrollar herramientas de autorregulación, fortalecer la identidad y favorecer formas de vinculación más satisfactorias. No se trata de cambiar quién se es, sino de ampliar las posibilidades de estar en el mundo con mayor bienestar y menor sufrimiento, en un entorno que progresivamente también aprende a adaptarse.


Porque, finalmente, no se trata de que todos encajemos de la misma manera, sino de que exista espacio para que cada forma de ser pueda tener un lugar. Después de todo, todos somos diferentes, todos somos neurodivergentes.


Pablo García Pérez / Psicólogo Clínico / Terapia Online


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